Amanecer – Irene Sánchez Carrón

Mientras duermes te miro.

Me recuerdas
el frío de las fuentes en los labios,
el prado debajo de la espalda,
la indescifrable danza de las nubes,
el dulce sabor de diminutos dedos en la masa,
la tierra en las uñas,
los pies mojados en los charcos,
los bolsillos repletos.

Contigo junto a mí
los días recobran la suave textura de la cera
y repiten mil veces el amanecer.

Contigo junto a mí
veo pasar de largo la tristeza.

Espejo – Sylvia Plath

Soy plateado y exacto. No tengo ideas preconcebidas.
Cualquier cosa que veo la engullo inmediatamente
Tal y como es, sin rastro de amor ni desprecio.
No soy cruel, sino sincero-
El ojo de un pequeño dios, con cuatro esquinas.
La mayor parte del tiempo medito sobre la pared de enfrente.
Es rosa, con motas. La he mirado durante tanto tiempo
Que la siento parte de mi corazón. Pero ella parpadea.
Las caras y la oscuridad nos separan una y otra vez.

Ahora soy un lago. Una mujer se inclina sobre mí,
Buscando en mi alcance lo que realmente es.
Luego se vuelve hacia esas mentirosas, las velas o la luna.
Veo su espalda y la reflejo fielmente.
Me recompensa con lágrimas y temblor de manos.
Soy importante para ella. Viene y va.
Cada mañana su rostro reemplaza la oscuridad.
En mí ha ahogado a una muchacha, y en mí una vieja
Se eleva hacia ella día tras día, como un terrible pez.

Soñando pechos – Anne Sexton

Madre,
extraño rostro de una diosa
sobre mi casa de leche,
el delicado asilo,
te consumí.
Toda mi necesidad te
tragó como una comida.

Lo que dabas
lo recuerdo en un sueño:
los brazos con las pecas me agobiaban,
la risa en algún sitio sobre mi gorro de lana,
los dedos sangrientos atando mis zapatos,
los pechos colgando como dos murciélagos
y después lanzados sobre mí,
agachándome.

Los pechos que conocí a medianoche
golpean en mí ahora como el mar.
Madre, meto abejas en mi boca
para evitar tragar
pero eso no te sirve de nada.
Al final te cortaron los pechos
y corrió leche de ellos
en la mano del cirujano
y él los abrazó.
Yo los tomé
y los planté.

Yo he puesto un candado
a tu alrededor, madre, querida muerta humana,
y tus grandes campanas,
los queridos ponis blancos,
pueden irse a galopar, galopar,
estés donde estés.

Los tres Reyes Magos – Rubén Darío

-Yo soy Gaspar. Aquí traigo el incienso.
Vengo a decir: La vida es pura y bella.
Existe Dios. El amor es inmenso.
¡Todo lo sé por la divina Estrella!

-Yo soy Melchor. Mi mirra aroma todo.
Existe Dios. Él es la luz del día.
La blanca flor tiene sus pies en lodo.
¡Y en el placer hay la melancolía!

-Soy Baltasar. Traigo el oro. Aseguro
que existe Dios. Él es el grande y fuerte.
Todo lo sé por el lucero puro
que brilla en la diadema de la Muerte.

-Gaspar, Melchor y Baltasar, callaos.
Triunfa el amor y a su fiesta os convida.
¡Cristo resurge, hace la luz del caos
y tiene la corona de la Vida!

Esto es falso, esto es bueno… – Eduardo Lizalde

Esto es falso, esto es bueno
y aquello rubio cobre.

Qué ciencia, hermanos,
cómo saben todo eso.

¿No hay más azul, ni falso ni magenta
que el sol del que los mira?

¿No florecemos, no estamos
comprendidos
entre los seres del reino
-oh solipsistas, oh videntes, oh magos-?

Sólo somos el muro que retiene al jardín.

Deseo – Dulce María Loynaz

Que la vida no vaya más allá de tus brazos.
Que yo pueda caber con mi verso en tus brazos,
que tus brazos me ciñan entera y temblorosa
sin que afuera se queden ni mi sol ni mi sombra.
Que me sean tus brazos horizonte y camino,
camino breve, y único horizonte de carne;
que la vida no vaya más allá… ¡Que la muerte
se parezca a esta muerte caliente de tus brazos!…

Nunca des todo el corazón – William Butler Yeats

Nunca des todo el corazón pues el amor
apenas merecerá ser tema de pensamiento
para las mujeres apasionadas si parece
seguro; ellas nunca sueñan
que de beso a beso se va marchitando;
pues todo lo bello es sólo
un breve, soñador, amable deleite.

Oh, nunca des el corazón completamente
pues ellas, aunque otras cosas digan tersos labios,
han entregado su corazón al juego.
¿Quién podría jugar bien
si sordo y mudo y ciego de amor?
Quien esto escribe conoce bien todo el costo,
pues dio su corazón y lo perdió.

Poesía de todas la épocas y nacionalidades