Yo Nezahualcóyotl lo pregunto:
¿Acaso de veras se vive con raíz en la tierra?
Nada es para siempre en la tierra:
Sólo un poco aquí.
Aunque sea de jade se quiebra,
Aunque sea de oro se rompe,
Aunque sea plumaje de quetzal se desgarra.
No para siempre en la tierra:
Sólo un poco aquí.
Fragmentos de un jardín (III) – Benjamín Prado
Un coche: el lento
oleaje de un tigre
salta el cercado.
Está el aroma
en la flor y no está:
luz sobre un vidrio.
El alba deja
los bosques planteados,
la luz vacía.
Mira las rosas
que la luna ha encendido,
más que a la luna.
Corta la flor
y que la noche caiga
sobre la noche.
Fragmentos de un jardín (II) – Benjamín Prado
Esconde un trazo
de paloma agrupada
la rosa blanca.
¿En qué consiste
un jardín? Luz confusa,
flores concretas.
Era un extremo
visible del olvido:
eso era el moho.
Noche de viento.
Junto al estanque, un seto
suena a agua fría.
Es simple: el hombre
es la raíz y el fruto
es el poema.
Fragmentos de un Jardín (I) – Benjamín Prado
Pasan los coches.
Enciende sus bengalas
la rosaleda.
Dentro del árbol
crece junto a la fruta,
despacio, un pájaro.
Llueve, y el cielo
es de un color distinto
en cada planta.
Cierro los ojos:
la flor antigua se abre
en el jardín.
Miro el naranjo.
Las palabras maduran
en el poema.
Agua mujer – Juan Ramón Jiménez
¿Qué me copiaste en ti,
que cuando falta en mí
la imagen de la cima,
corro a mirarme en ti?
Acto amoroso – Ulalume González de León
: dos se miran uno al otro
hasta que son irreales
entonces
cierran los ojos
y se tocan uno al otro
hasta que son irreales
entonces
guardan los cuerpos,
y se sueñan uno al otro
hasta que son tan reales
que despiertan
dos se miran
Poema de la culpa – José Ángel Buesa
Yo la amé, y era de otro, que también la quería.
Perdónala Señor, porque la culpa es mía.
Después de haber besado sus cabellos de trigo,
nada importa la culpa, pues no importa el castigo.
Fue un pecado quererla, Señor, y sin embargo
mis labios están dulces por ese amor amargo.
Ella fue como un agua callada que corría …
Si es culpa tener sed, toda la culpa es mía.
Perdónala Señor, tu que le diste a ella
su frescura de lluvia y su esplendor de estrella.
Su alma era transparente como un vaso vacío:
Yo lo llené de amor. Todo el pecado es mío.
Pero, ¿cómo no amarla, si tu hiciste que fuera
turbadora y fragante como la primavera?
¿Cómo no haberla amado, si era como el rocío
sobre la yerba seca y ávida del estío?
Traté de rechazarla, Señor, inútilmente,
como un surco que intenta rechazar la simiente.
Era de otro. Era de otro que no la merecía,
y por eso, en sus brazos, seguía siendo mía.
Era de otro, Señor, pero hay cosas sin dueño:
Las rosas y los ríos, y el amor y el ensueño.
Y ella me dio su amor como se da una rosa
como quien lo da todo, dando tan poca cosa…
Una embriaguez extraña nos venció poco a poco:
Ella no fue culpable, Señor … ni yo tampoco!
La culpa es toda tuya, porque la hiciste bella
y me diste los ojos para mirarla a ella.
Sí, nuestra culpa es tuya; sí, es una culpa amar,
sí, es culpa de un río cuando corre hacia el mar.
Es tan bella, Señor, y es tan suave, y tan clara,
que sería pecado mayor si no la amara.
Y por eso, perdóname Señor, porque es tan bella,
que Tú, que hiciste el agua, y la flor, y la estrella,
Tú, que oyes el lamento de este dolor sin nombre,
Tú también la amarías, ¡si pudieras ser hombre!
Amor – Juan Ramón Jiménez
No, no has muerto, no.
Renaces,
con las rosas en cada primavera.
Como la vida, tienes
tus hojas secas; tienes tu nieve, como
la vida…
Mas tu tierra,
amor, está sembrada
de profundas promesas,
que han de cumplirse aún en el mismo
olvido.
¡En vano es que no quieras!
La brisa dulce torna, un día, al alma;
una noche de estrellas,
bajas, amor, a los sentidos,
casto como la vez primera.
¡Pues eres puro, eres
eterno! A tu presencia,
vuelven por el azul, en blanco bando,
blancas palomas que creíamos muertas…
Abres la sola flor con nuevas hojas…
Doras la inmortal luz con lenguas nuevas…
¡Eres eterno, amor,
como la primavera!
Si mis manos pudieran deshojar – Federico García Lorca
Yo pronuncio tu nombre
en las noches oscuras,
cuando vienen los astros
a beber en la luna
y duermen los ramajes
de las frondas ocultas.
Y yo me siento hueco
de pasión y de música.
Loco reloj que canta
muertas horas antiguas.
Yo pronuncio tu nombre,
en esta noche oscura,
y tu nombre me suena
más lejano que nunca.
Más lejano que todas las estrellas
y más doliente que la mansa lluvia
¿Te querré como entonces
alguna vez? ¿Qué culpa
tiene mi corazón?
Si la niebla se esfuma
¿qué otra pasión me espera?
¿será tranquila y pura?
¡¡si mis dedos pudieran
deshojar a la luna!!
Sueños de luna – Ana María Rodas
Te soñaba huyendo de mi lado
yo lloraba como tonta sobre los cristales rotos
y encendía las luces para que se advirtieran
las vírgenes
los adornos de plata
la curva que la pared dibuja al internarse
en el terreno
denso
inexplicable
que es el sueño
Ese de anoche
en el que tú brincabas desnudo
mostrando la piel más oscura de tu sexo
y los dientes filudos de animal en celo