A veces el silencio
convoca algarabías
parodias de coraje
espejismos de duende
tangos a contrapelo
desconsoladas rabias
pregones de la muerte
sed y hambre de vos
pero otras veces es
solamente silencio
soledad como un roble
desierto sin oasis
nave desarbolada
tristeza que gotea
alrededor de escombros
fuego mudo
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Perdón – Gustavo Adolfo Bécquer
Asomaba a sus ojos una lágrima
y… mi labio una frase de perdón;
habló el orgullo y enjugó un llanto,
y la frase en mi labio expiró.
Yo voy por un camino, ella por otro;
pero al pensar en nuestro mutuo amor,
yo digo aún: ¿Por qué calle aquel día?.
Y ella dirá: ¿Por qué no lloré yo?.
Es cuestión de palabras, y, no obstante,
ni tu ni yo jamás,
después de lo pasado convendremos
en quién la culpa está
¡Lástima que el amor un diccionario
no tenga donde hallar
cuando el orgullo es simplemente orgullo
y cuando es dignidad!
Esta imagen de ti – José Ángel Valente
Estabas a mi lado
y más próxima a mí que mis sentidos.
Hablabas desde dentro del amor,
armada de su luz.
Nunca palabras
de amor más puras respirara.
Estaba tu cabeza suavemente
inclinada hacia mí.
Tu largo pelo
y tu alegre cintura.
Hablabas desde el centro del amor,
armada de su luz,
en una tarde gris de cualquier día.
Memoria de tu voz y de tu cuerpo
mi juventud y mis palabras sean
y esta imagen de ti me sobreviva.
Los muertos – Salvatore Quasimodo
Me pareció como si se abrieran voces,
como si labios buscasen aguas,
como si se alzaran manos a los cielos.
¡Qué cielos! Más blancos que los muertos
que siempre me despiertan despacio;
llevan los pies descalzos, no llegan muy lejos.
¿Bebían las gacelas en las fuentes,
el viento revolvía los enebros,
y alzaban las ramas las estrellas?
Tu voz – Mariana Bernárdez
Tu voz
Vibración de espacio sellado
no me ata a la luz de la noche
Nada dice del viaje
por los siete cielos
ni sobre los círculos del mar
Distante como erupción de diáspora
batalla para unir las puntas de la hora
Los pies no se han desprendido
pero los ojos hace mucho pisaron
las arenas de Odiseo
y en el vuelo las sirenas fueron cómplices
Edipo oráculo
y Delphos sólo rastro de «lirio»
Tensas la cuerda
para elevarte en canto
y en un fragmento de aire
te echas a cuesta los montes
Desgastadas tus sandalias
me preguntas si el amor
fue algún día nuestro
Entonces recuerdo los ojos de Helena
y el oro de una manzana
convertido en moneda de cobre
con la cual compraste la muralla de Troya.
Ritornello – Jaime Siles
Nada hay en mí, sino esos horizontes
que alguien dormido contempla desde un mar:
desde otro mar, que acaso ya no existe.
Epigrama 5 – Al perderte yo a ti tú y yo hemos perdido… – Ernesto Cardenal
Al perderte yo a ti tú y yo hemos perdido:
yo porque tú eras lo que yo más amaba
y tú porque yo era el que te amaba más.
Pero de nosotros dos tú pierdes más que yo:
porque yo podré amar a otras como te amaba a ti
pero a ti no te amarán como te amaba yo.
Veinte de abril – Carlos Álvarez
En esta geografía de presidios,
y a través
de la crónica amarga de torturas,
lentos
caminos desbrozando el horizonte,
sucios
asesinatos a la luz del alba
donde terminan nuestros hombres,
–donde nace
también nuestra leyenda– no resulta
posible,
Julián, mi noble hermano,
predecir
en qué lugar nos llegará el futuro
más inmediato… (el otro siempre es nuestro.)
Yo no sé
si cambiaré un paisaje al aire libre
con árboles y cielo y sol de estío
por un estrecho marco de silencio,
de sombras,
de lucha renovada…
Por eso, si ocurriera
que mi voz no estuviera con tu nombre
en los labios
cuando un veinte de abril hecho marea
de sangre y de dolor nos vuelva el llanto
de España en tus heridas, imagina
que tengo amordazados los latidos;
que algún muro
sujeta mis palabras; que me encuentro
más cerca de los míos que otras veces,
Julián, campo de espigas…
defi nitivo mártir de la patria.
Cuando te contemplé ya estaba muerto… – Juan Eduardo Cirlot
Cuando te contemplé ya estaba muerto,
muerto como las hierbas, aunque crecen,
como los mares muertos, que son rocas.
Sólo lo que es eterno está en la vida,
aunque lo blanco eleva su belleza
sobre las formas grises de lo negro.
Y simula existir donde el no ser
extiende sus certezas transitorias:
Bronwyn, tu claridad no eternamente.
Contemplo entre las aguas del pantano… – Juan Eduardo Cirlot
Contemplo entre las aguas del pantano
la celeste blancura de tu cuerpo
desnuda bajo el campo de las nubes
y circundada por el verde bosque.
No muy lejos el mar se descompone
en las arenas grises, en las hierbas.
Manos entre las piedras con relieves
y tus ojos azules en los cielos.
Las alas se aproximan a las olas
perdidas en las páginas del fuego.
Bronwyn, mi corazón, y las estrellas
sobre la tierra negra y cenicienta.