Las floridas espaldas ya en la nieve,
y los cabellos de marfil al viento.
Agua muerta en la sien, el pensamiento
color halo de luna cuando llueve.
¡Oh, qué clamor bajo el seno breve,
qué palma al aire el solitario aliento!
¡Qué témpano, cogido al firmamento,
el pie descalzo, que a morir se atreve!
Brazos de mar, en cruz, sobre la helada
bandeja de la noche; senos fríos,
de donde surte, yerta, la alborada;
¡oh piernas como dos celestes ríos,
Malva-luna-de-yelo, amortajada
bajo los mares de los ojos míos!
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Me llamas reina… – Almudena Guzmán
Me llamas Reina
y yo me río
y se alegra la tristeza
del trigo,
rey mío.
Rima XXXVIII – Gustavo Adolfo Bécquer
Los suspiros son aire, y van al aire.
Las lágrimas son agua, y van al mar.
Dime, mujer, cuando el amor se olvida,
¿sabes tú adónde va?
Horror 69 – Efraín Huerta
¡Con
Espanto
Acabo
De
Descubrir
Que
El quetzal
Pertenece
A la
Familia
De los
Trogonidas!
Los sinónimos – Francisco Brines
Más allá de la luz está la sombra
y detrás de la sombra no habrá luz
ni sombra. Ni sonidos, ni silencio.
Llámale eternidad, o Dios, o infierno.
O no le llames nada.
Como si nada hubiera sucedido.
Amor, amor, catástrofe del mundo – Antonio Hernández
El amor es una campana un segundo después
de ser tañida. Luego, se extiende el beso
por la luz, anida en ella, por ella
se proyecta en el aire igual que si salvara.
Y así se nos engaña a pesar de la flecha
que ha atravesado nuestro corazón.
Haiku 5 – Mario Benedetti
invierno invierno
el invierno me gusta
si hace calor
La tigresa – Charles Bukowski
terribles discusiones.
y, al cabo, tranquilamente tumbado
en su amplia cama
que tiene una
colcha roja con bonitos dibujos de flores,
la cabeza el vientre hacia abajo
la cabeza ladeada
rociado por la luz que deja pasar la persiana
mientras ella se baña en silencio en la
otra habitación,
es superior a mis fuerzas,
como la mayoría de las cosas,
escucho música clásica en la pequeña radio,
ella se baña, oigo el chapoteo en el agua.
Paseo II – Efraín Huerta
No
Me tardo
Voy a dar
Una vuelta
Alrededor
De
Mi
Muerte
……
Hubo un tiempo… – Ana Rossetti
Hubo un tiempo en el que el amor era un
intruso temido y anhelado.
Un roce furtivo, premeditado, reelaborado durante
insoportables desvelos.
Una confesión perturbada y audaz, corregida mil
veces, que jamás llegaría a su destino.
Una incesante y tiránica inquietud.
Un galopar repentino del corazón ingobernable.
Un continuo batallar contra la despiadada infalibilidad
de los espejos.
Una íntima dificultad para distinguir la congoja del
júbilo.
Era un tiempo adolescente e impreciso, el tiempo del
amor sin nombre, hasta casi sin rostro, que merodeaba,
como un beso prometido, por el punto más umbrío de la
escalera.