(25 de marzo)
Todo el aire es caricia,
pluma, polen, canción, y, mientras vuela,
igual fecunda ramos
que se inflama de abejas.
Todo lo que ha de ser jugoso y dulce
como un niño de dios o una promesa
primero es soplo que la carne halaga,
primero es flor que la mirada incendia.
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En mi corazón nacen cada mañana… – Noemí Trujillo Giacomelli
En mi corazón nacen cada mañana los pájaros
y os quiero hablar de ellos.
Les digo que canten,
pero de momento no quieren:
se distraen filosóficamente.
Cantad por mi madre
que lleva once días muerta.
Cantad, cantad, cantad
que me asusta mucho este silencio,
este clamor inmóvil.
¡Cantad!
El durmiente que oyó la más difusa música – Andrés Sánchez Robayna
Las delicadas espaldas del sueño
remontan rojas el océano,
nubes de densidad calurosa
al extremo del día abovedado,
el mar en esta brisa de verano.
La más difusa música, en el sueño,
La visión más intensa,
las olas prolongadas y el sol y los pinos
giran con esas olas y ese aire que él sueña.
Las nubes son su espalda.
Ni el sol ni la mañana serán ya para él
un sol o una mañana o un azul ilusorios.
Y volará contigo mi dolor – Esther Giménez
A Miguel G. M.
Miré en tus ojos
y ya no estabas.
Sólo las briznas
de la espadaña.
Miré tus ojos
que se volaban.
Los perseguían
palomas pardas.
Y en los dos fosos
de la ventana,
miré a la niña
probar las alas.
Miré tus ojos
y no lloraban.
¡Ay de la herida
de luz temprana!
Que el haz nuboso
que atrás dejabas
yo lo querría
cordel de plata.
Segunda lección del páramo – Guillermo Carnero
Veo anegarse la llanura heladaen marea de sombra que crecienteal rojo sumidero del ponienteconduce la blancura amordazaday a la noche cerradaunas cuantas palabras que prudenteconseguí, menos sabio que paciente,traigo como remedio de la nada.Solo para regalo de mis ojosbrillan y aroman y por un momentochisporrotean en la llama huidiza;después, con otros restos y despojosde voluntad y de conocimiento,perecen hechas brasas y ceniza.
Al cabo – Amalia Bautista
Al cabo, son muy pocas las palabras
que de verdad nos duelen, y muy pocas
las que consiguen alegrar el alma.
Y son también muy pocas las personas
que mueven nuestro corazón, y menos
aún las que lo mueven mucho tiempo.
Al cabo, son poquísimas las cosas
que de verdad importan en la vida:
poder querer a alguien, que nos quieran
y no morir después que nuestros hijos.
Cuéntamelo otra vez (1999)
Agua limpia – Jesús Bernal
Veo saltar el agua entre los musgos
y las piedras lamidas.
Escucho en el silencio de las frondas
su promesa vibrante
y su respiración.
Ha quebrantado
cavernas de granito; amasó el lodo
de las profundidades.
Fue ascendiendo hasta ser esta agua limpia
que nace de la roca.
Otoño en los castaños – Pablo García Baena
Quiero morir de amor esta tarde en el campo.
Estoy echado solo, con Dios y mi poesía,
sobre la tierra húmeda del castañar que el viento
del otoño descrencha con su peine de frío.
Mátame dulcemente, muerte que nos acechas:
ven ahora callada, ven ahora, callada
por el sendero, ahora que el corazón me tiembla
de amor, que todavía puedo darlo sangrante
y destrozado pero como una fuente puro.
Ven que quiero contarte esta tarde en el campo,
a ti, que sólo tú podrías consolarme,
todo el amargo cauce de mi llanto secreto,
a ti, que eres la única confidente que calla.
Un pájaro vuela por los pinos. ¿Son tus alas
las que mueven las nubes brillantes por el cielo
o vendrás cautelosa avanzando en la sombra,
y no oiré ni el crujido de las hojas pisadas?
Si eres libertadora de todo sufrimiento,
no, no vengas ahora a esta cita en el campo,
si te llamo no quiero el olvido en tu sueño
sino el quedar por siempre eterno en mi recuerdo.
Ven pronto, pronto, muerte. Ven, muerte, que te llamo,
antes que el corazón se me enturbie de odios
y me ciña el deseo con sus llamas ardientes.
Antes de que despierte el desprecio dormido,
ven, y en tu dura piedra, haz mi dolor eterno.
Ven, muerte, que no quiero olvidar, y ya veo
al fondo del dolor la aurora del olvido.
Ven, que quiero morir esta tarde en el campo.
Trece – Javier Salvago
Me ha picado esta noche
la mosca de los celos en la oreja
y quisiera saber si estás en casa
o con otro, corriéndote una juerga.
Aunque andes de puntillas
se despierta la fiera
y uno que es liberal y no le importa
lo que hagan con la vida, si es ajena,
se vuelve suspicaz, mezquino, espía,
ve visiones, se amarga y se atormenta.
—Es el amor que pasa.
Pues que llame a otra puerta.
Verde hacia un río – Jorge Guillén
Pasa cerca, le adivino.
Con él cantan, y en follajes
Aun más sonoros —¡no bajes
De prisa! — pero sin trino,
Los pájaros. Es más fino
Su gorjeo infuso en masa
Vegetal. ¿Quién acompasa
La dicha? Desciende el monte
Muy despacio. Ven. Disponte
Ya a lo mejor. Cerca pasa.