Mi cabeza inclinada sobre el aire miraba su cabeza hecha amor por mis ojos cuando de sus cabellos saltaban las abejas para dejar su miel en los labios resecos y sin esperanzas en los labios hundidos bajo las palabras llenas de amor y sangre.
Nuestras cabezas acaban por perderse envueltas en las nubes la mía inclinada sobre el aire la suya hecha amor por mis ojos.
Qué hermosa eres, libertad. No hay nada que te contraste. ¿Qué? Dadme tormento. Más brilla y en más puro firmamento libertad en tormento acrisolada.
¿Que no grite? ¿Mordaza hay preparada? Venid: amordazad mi pensamiento. Grito no es vibración de ondas al viento: grito es conciencia de hombre sublevada.
Qué hermosa eres, libertad. Dios mismo te vio lucir, ante el primer abismo sobre su pecho, solitaria estrella.
Una chispita del volcán ardiente tomó en su mano. Y te prendió en mi frente, libre llama de Dios, libertad bella...
Ahora, cuando recuerdo tus labios de cereza, vagabundos de amor entre las calles, y la dulce penumbra de tus ojos, viajeros del ocaso. Cuando sé positivamente cierto que no hubo corazón más traspasado que el que yo te ofrecí, escríbeme una carta o llama por teléfono para que alguien recoja mi persona que dejo abandonada en el asfalto donde los coches claman su impaciencia fallida en el semáforo, y los hombres soportan su soledad de estatua indiferente.
Y si alguien me encontrara con los ojos cerrados, aunque caballos lancen mi corazón al cielo, será que ya estoy muerta y alguien me dejará una flor en las manos.
mira envejecen los vivos con sus zapatos nuevos envejecen las manos de sus hijos también nuevas como las tuyas, recorriendo mi cara cada noche después de la primera noche
después tus manos nunca más como los vivos que mueren como sus hijos que también mueren
hasta los árboles mueren porque no saben ser nómadas como tus manos
cortaron los árboles, queda una palmera las piedras no parecen las mismas
si rezara rezaría por ti por los vivos por las manos de sus hijos por todos los árboles
La ciudad tenía cuatro ríos
y en sus arrabales
de humareda culpable
asaban animales diminutos
que hacían pensar
en los cuadros del Bosco.
En una intimidad
fría como las aguas
de aquellos cuatro ríos
que interrogaban náufragos,
su piel era ribera
o su ribera, piel
en un deseo sitiado.
SI ESTA paloma se quema, no es sólo en la zarza ardiente sino bebiendo una fuente que corre entre la alhucema. Fuente viva y con amor que va hacia la noche oscura, pero nace de la pura claridad de un ancho frescor de Misericordia que es llave del mejor humano y tierra y sol de su mies. Y esta p[aloma] en su vuelo lleva un aire castellano por lo universal del cielo.
Cuando por mejor inventó lo peor. Cuando las Cruzadas inventó las pedradas. Cuando por Dios inventó al diablo. Cuando por mejorar su país, inventó e invitó a no reír... entonces y para siempre se rieron todas las hienas del mundo y hasta la Mona Lisa empezó a sonreír.