Claro fue nuestro amor; y al fresco halago
plenilunar, con música indecisa,
el arco vagaroso de la brisa
trémulas cuerdas despertó en el lago.
En la evidencia de sin par fortuna,
dieron senda de luz a mis afanes
tus ojos de pasión, ojos sultanes,
ojos que amaban húmedos de luna.
Con dorado de joya nunca vista,
tu mirada agravaba su desmayo.
y removía su ascua en aquel rayo
la inquietud de león de mi conquista.
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Sin placer – Simónides
Pues sin placer
¿qué vida de mortal, qué encumbramiento
resulta deseable?
Desprovista de aquél, no mueve a envidia
la eternidad siquiera de los dioses.
Mariposa – Francisco Hernández
Tu sexo,
una mariposa negra.
Y no hay metáfora:
entró por la ventana
y fue a posarse
entre tus piernas.
Mujer en la ventana – Praxila
—Oh, tú que miras con gracia por la ventana,
virgen por la cabeza y por debajo casada.
Entre exilios – Aziz Amahjour
El exilio...
¡El exilio tiene color de nube blanca
O puede ser alquitrán exprimido!
¡El exilio está en ti
Se proyecta desde ti
Y hacia ti!
¡Te expulsaron de una oscuridad
En cuyo cielo se esparcían las llamas!
¡Para verte desorientado en una blancura
Que semejaba
Un auténtico espejo!
Donde quisiste ver reflejado
Tu rostro, tu alma, tu pasado…
Pero en seguida se hizo añicos
El espejo
Esparciéndose por todos los rincones…
¡Y NO ME ENCONTRASTE EN TI!
Yo, ahora,
¡Eh amigo!
Soy como tú
Un nuevo morisco
Huido de un gran peligro
De una fortaleza de hierro
¡Que nada la mueve
Ni vientos
Ni huracanes!
Yo soy tú ..
El exiliado en mí
El exiliado desde mí
Y hacia mí.
Yo fui expulsado del Norte
Soy el emigrado del Sur
Soy el exiliado de la fe
Y toda ideología
¡Ni izquierda, ni derecha
Conocen mi camino…!
Mi destino es él del delfín
Una huida continua
En un mar siempre agitado…
Te fundiste tú conmigo
Te diluiste en mí
¡¿En quién me buscaré yo, acaso?!
¿En quién?
¿Quién seré?
¡¿Acaso quién seré?!
Indómita – Anacreonte
¿Por qué, potrilla tracia,
me observas de reojo
y me huyes, implacable,
creyendo que no soy
experto en nada útil?
Pues sabe que hábilmente
el freno te pondría
y tomando tus riendas
doblarías conmigo
las lindes del estadio.
Ahora paces en prados,
brincas con ligereza
retozona: no tienes
ningún jinete diestro
que a tus lomos se suba.
Iniciación – Chantal Maillard
Estoy creciendo de la nada.
Mis ojos tantean
la claridad difusa
mis manos
se posan y tantean
abro agujeros
mi cuerpo agujeros
en el cielo agujeros
tanteo las estrellas
agujeros que llueven
y es dolor
y el dolor penetra
mi cuerpo tantea
el dolor tal vez
el gozo
indaga
descubre el mí
mi boca dice
vuelvo sobre mí
misma y tanteo
¡es tanta la ceguera!
cierro los ojos
lo cierro todo
y de repente me abro
veo
veo lo que no hay
veo
estoy creciendo de la nada.
Labores de placer – Solón
De la nacida en Chipre me complacen
ahora sus labores —y las de Dionisio y las de las Musas—
labores que procuran placeres a los hombres.
Y Dios me hizo mujer – Gioconda Belli
Y Dios me hizo mujer
de pelo largo,
ojos,
nariz y boca de mujer.
Con curvas
y pliegues
y suaves hondonadas
y me cavo por dentro
me hizo un taller de seres humanos.
Tejio delicadamente mis nervios
y balanceo con cuidado
el numero de mis hormonas.
Compuso mi sangre
y me inyecto con ella
para que irrigara
todo mi cuerpo;
nacieron asi las ideas
los sueÒos,
el instinto
todo lo que creo suavemente
a martillazos de soplidos
y taladrazos de amor,
las mil y una cosa que me hacen
mujer todos los dias
por lo que me levanto orgullosa
todas las maÒanas
y bendigo mi sexo.
Doris culo-de-rosa – Discórides
Cuando quedó tendida Doris cu lo-d e-rosa sobre el lecho
entre tan frescas flores me convertí en un dios.
Ella que me abarcaba con piernas prodigiosas
recorrió sin torcerse la carrera de Cipris
con ojos perezosos. Como hojas en la brisa, le temblaba la púrpura
de su carne agitada, justo hasta que vertimos
la blanca libación de nuestro ímpetu, y Doris
con los miembros muy lánguidos se cayó derramada.