No sería raro
que un día cualquiera
—hoy, por ejemplo—
me dijeras la cifra exacta de dinero
que cuesta nuestro amor
en viajes
hoteles
e interminables llamadas telefónicas.
Al fin y al cabo
el dinero todo lo mide
así que si este amor
nos cuesta mucho dinero
será que es amor del bueno
del importante.
Sin embargo
recuerdo:
una vez
en mi juventud
fui feliz compartiendo el único cigarrillo
en un cuarto de pensión
fui feliz haciendo el amor a la intemperie
entre los juncos
fui feliz sin hotel
ni casa ni teléfono
ni lencería de encaje.
Tenía sólo dieciocho años.
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Rosario – Jon Juaristi
Yo la quería mucho, pero entonces
amar y destruir sonaban parecido,
como en los más confusos poemas de Aleixandre.
Nos casamos con otros. Tal vez así perdimos
lo mejor de la vida. Quién sabe. Hubo una noche
en que ambos acordamos que pudo ser distinto
el rumbo de esta historia de culpa y cobardía.
Se quitó el pasador de su cabello oscuro
y me lo dio al marchar, y nunca volví a verla.
Murió. No lo he sabido hasta esta tarde misma,
varios años después, en su pequeño pueblo
y frente a la serena desolación del mar.
Ahora intento evocarla, pero se desvanece:
No he encontrado siquiera su pasador de rafia.
Oscuro amor… Tu muerte es ya mi muerte… – Susana March
Oscuro amor… Tu muerte es ya mi muerte.
Más allá de este mar, ¿qué extraña orilla
cobijará mi náufraga tristeza?
Me evadiré del viento
que transita en mi sangre,
sacudiré mis lágrimas
como las largas crines de un caballo salvaje.
Quiero partir contigo,
sin mí, por los senderos
extraños y remotos
por donde vas a ciegas, tropezando.
Te seguiré sin lástima y sin gloria,
mendiga de unos ojos,
de una voz, de una mano cercenada
en el umbral del sueño…
Te seguiré hasta allí donde tú acabas
para acabar contigo.
En la desesperación – Constantino Cavafis
Lo perdió por completo. Y ahora va buscando
hallar entre los labios de cada nuevo amante
aquellos labios suyos: buscando va en la unión
con cada nuevo amante engañarse pensando
que es el mismo joven, que ahora se le entrega.
Lo perdió por completo, cual si nunca existiera.
Porque quería —dijo— quería redimirse
del estigmatizado, enfermizo placer,
del estigmatizado, placer vergonzante.
Aún estaba a tiempo —decía— de salvarse.
Lo perdió por completo, cual si nunca existiera.
Con la imaginación, las alucinaciones,
en labios de otros jóvenes sus labios va buscando:
y así procurando sentir de nuevo su amor.
Quiero que mires a la gente a través de mis lentes… – Zygmunt Krasinski
Quiero que mires a la gente a través de mis lentes
De manera que, cuando los rostros ajenos lleguen a tu vista,
Dentro de ti se avive mi recuerdo.
Yo estaré en tu alma y ellos solo en tus ojos.
El mar es un olvido… – Jorge Guillén
El mar es un olvido,
una canción, un labio;
el mar es un amante,
fiel respuesta al deseo.
Es como un ruiseñor,
y sus aguas son plumas,
impulsos que levantan
a las frías estrellas.
Sus caricias son sueños,
entreabren la muerte,
son lunas accesibles,
son la vida más alta.
Sobre espaldas oscuras
las olas van gozando.
De que callada manera… – Nicolás Guillén
¡De que callada manera
se me adentra usted sonriendo,
como si fuera la primavera !
¡Yo, muriendo!
Y de que modo sutil
me derramo en la camisa
todas las flores de abril
¿Quién le dijo que yo era
risa siempre, nunca llanto,
como si fuera
la primavera?
¡No soy tanto!
En cambio, ¡Qué espiritual
que usted me brinde una rosa
de su rosal principal!
De que callada manera
se me adentra usted sonriendo,
como si fuera la primavera
¡Yo, muriendo!
Enamorarse y no – Mario Benedetti
Cuando uno se enamora las cuadrillas
del tiempo hacen escala en el olvido
la desdicha se llena de milagros
el miedo se convierte en osadía
y la muerte no sale de su cueva
enamorarse es un presagio gratis
una ventana abierta al árbol nuevo
una proeza de los sentimientos
una bonanza casi insoportable
y un ejercicio contra el infortunio
por el contrario desenamorarse
es ver el cuerpo como es y no
como la otra mirada lo inventaba
es regresar más pobre al viejo enigma
y dar con la tristeza en el espejo
Apuntes sueltos sobre un atardecer – Sergio Ramírez
Alguien está soplando entre los árboles
con sus pulmones de cristal.
Un hombre va de esquina en esquina
encendiendo las luces en los rieles
y un niño patina en el parque
y va sonriendo como
si le hubieran nacido alas
encima de su camisa,
y otro niño se mece en un trapecio,
y pasa un hombre descalzo
y otro está sentado en el atrio
y alguien quema su basura.
De la torre ha huido un pájaro
porque están repicando las campanas.
Un barrilete ha aparecido en el cielo
encima de los techos y los árboles
y hay un anciano en la puerta de su casa.
En el cielo hay una mano
cerrando todas sus puertas
y abajo un pueblo queda encendido
entre sus casas y sus hombres.
La luz azul de un avión
se va lentamente desplazando
y los niños la saludan con las manos.
Un niño ha guardado sus patines
y se quitó sus alas de la camisa.
Otro abandonó el trapecio,
y alguien perdió su barrilete,
que quedó suelto en medio de las nubes.
Una muchacha dijo “adiós”
en todas las esquinas
—adiós,
—adiós,
pero a mí no,
no me dijo “adiós”
porque vio que tenía
tomada de las manos
a esta tarde de Masatepe.
El tiempo – Felipe Benítez Reyes
De niño andaba con sus pies de plomo,
pisando desganado los relojes.
Iba lento y solemne,
como en un carruaje muy pesado,
hacia un difuso punto de partida.
Luego anduvo con pasos más ligeros,
como huyendo de sí, como una fiera
enjaulada en un cuarto oscurecido.
Ahora lleva sus botas
aladas, va corriendo. Va
más ansioso que nunca hacia el final.
Aparta con desprecio
los soles y las lunas.
Cuando al fin se descalce,
¿qué será de nosotros, y dónde
vamos a refugiar tanta tiniebla?