Es cuestión de viajar
sin mover las alas,
sin despegar mis labios
de tu mundo,
amarrada
con el fino suspiro
de un hilo.
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El largo aprendizaje – Jenaro Talens
Una mujer, un hombre, una ciudad.
La ciudad sin objeto. O una escena de amor.
Alguien que se desdobla en estrías de luz,
caminando sin prisa por los soportales.
Una mujer aún joven; sus inciertos poderes
sin otros límites que los que impone
un rostro ajeno donde nadie ve.
El hombre avanza a tientas por el pálido cielo,
dueño de un aire intacto que no puede usar.
Ando cansada por las avenidas,
dice; no es amarillo
este fuego en que quemo mi vacilación.
Él no responde, se reclina, espera.
Ella sonríe. No es silencio: sabe.
Del otro lado del espejo, noche.
Y una mujer, un hombre, una ciudad.
Autoplagio – Jorge Boccanera
Latigazos de sombra desordenan tu cuerpo,
en la fotografía donde te estoy pensando,
y soy el extranjero que descubrió tu rostro
y se animó a escribirlo, que era como besarlo.
Las joyas – Joan Maragall
Quiero cubrir de joyas tu cabello,
tu garganta y tu pecho, brazos, manos,
en memoria de todas las caricias
que te haga ahora y que te hice antes.
Como lluvia, las joyas en tus miembros,
como lluvia los besos de mi amor,
y bajo cada beso que se encienda
un nuevo resplandor, como una estrella.
Una joya por beso, que ilumine,
quieta noche, lo noble de tu cuerpo;
mas después del gran día, luego el día;
la esposa, sin las joyas, del esposo.
Escribo en el olvido… – Juan Gelman
Escribo en el olvido
en cada fuego de la noche
cada rostro de ti.
Hay una piedra entonces
donde te acuesto mía,
ninguno la conoce,
he fundado pueblos en tu dulzura,
he sufrido esas cosas,
eres fuera de mí,
me perteneces extranjera.
Poema Mariposa – Ida Vitale
En el aire estaba
impreciso, tenue, el poema.
Imprecisa también
llegó la mariposa nocturna,
ni hermosa ni agorera,
a perderse entre biombos de papeles.
La deshilada, débil cinta de palabras
se disipó con ella.
¿Volverán ambas?
Quizás, en un momento de la noche,
cuando ya no quiera escribir
algo más agorero acaso
que esa escondida mariposa
que evita la luz,
como las Dichas.
Huella – María Clara González
Esta noche visitaré tu sueño
entraré silenciosa
disfrazada de ola o de tormenta
de lluvia o de gaviota
Caminaré tu adentro y arribaré a tu playa
Cuando despiertes
recordarás a aquella
que compartió contigo
tus «Saudades»
De las vidas de las cosas – Adam Zagajewski
La piel perfecta de las cosas se extiende sobre ellas
tan cómodamente como una carpa de circo.
La noche se acerca.
Bienvenida, oscuridad.
Adiós, luz.
Somos como párpados, afirmamos cosas,
tocamos ojos, pelo, oscuridad,
luz, India, Europa.
De repente me encuentro preguntando: «Cosas,
¿conocéis el sufrimiento?
¿Habéis estado alguna vez hambrientas, en la miseria?
¿Habéis llorado? ¿Conocéis el miedo,
la vergüenza? ¿Habéis conocido los celos, la envidia,
pequeños pecados, no de comisión,
pero tampoco curados por la absolución?
¿Habéis amado, y muerto,
de noche, con el viento abriendo las ventanas, absorbiendo
el frío corazón? ¿Habéis probado
la edad, el tiempo, el duelo?».
Silencio.
En la pared, baila la aguja de un barómetro.
La pasión – Cristina Peri Rossi
Salimos del amor
como de una catástrofe aérea
Habíamos perdido la ropa
los papeles
a mí me faltaba un diente
y a ti la noción del tiempo
¿Era un año largo como un siglo
o un siglo corto como un día?
Por los muebles
por la casa
despojos rotos:
vasos fotos libros deshojados
Éramos los sobrevivientes
de un derrumbe
de un volcán
de las aguas arrebatadas
y nos despedimos con la vaga sensación
de haber sobrevivido
aunque no sabíamos para qué.
Yo soy aquel esperma… – Rosa Díaz
Yo soy aquel esperma
que ganó la batalla
y el óvulo fue mío.
Allí se congregaban
mis hermanos de orígenes
cuando yo, incipiente persona,
fuera Caín remoto
de millares de Abel.
Mi crimen concluyó.
De una sangre incolora
se mancharon mis manos
para poder ser forma.