Archivo de la etiqueta: poesia

Al negro anónimo – Pedro Casaldáliga

Los labios gruesos del amor y el canto
no besarían más la tierra amada.
Toda la sal del mar sería llanto;
sólo muerte y exilio, la mirada.

La argolla y la blasfemia del cauterio
cancelaron tu paz, tu Dios, tu gente.
En las blancas razones del imperio
tú no eras, servías solamente.

Pero llevabas Africa en la entraña
y hacías tuya toda patria extraña
y siempre algún tambor salvó tu hora.

Carbón de libertad, diamante puro,
arde en tu sangre el fuego del futuro
hacia la prohibida negra aurora.

Locus amonenus – María Rosal

No me basta tu piel para tenerte,
bálsamo, oscuridad, labio de arena,
turbia sublevación que me encadena
al abrazo sin alas de la muerte.

No basta mi dolor, paloma inerte,
para calmar la sed que me gangrena.
Pídeme siempre más, es tu condena,
conjuro desleal para perderte.

Porque ya no me basta con tu vida.
Porque tu sangre amaso en mi locura,
yerto mi corazón, potro sin brida.

Entrégate, desgrana tu cintura
en mis labios de sal. Lame la herida
que nos labrara Amor con desmesura.

Rusia – Julio Martínez Mesanza

Me puse a divagar y pensé en Rusia;
también pensé que el alma es como Rusia
y que son sus fronteras las de Rusia,
amenazadas por las mismas hordas.
Después pensé en un carro de combate
que avanza por la estepa día y noche
dejando sus rodadas infinitas
en los fangales del primer deshielo.
Por su torreta asoma la figura
de un hidalgo espectral y delirante
que a grandes voces desafía al mundo
y pide a Dios la salvación del diablo.

Tan precisa es la apetencia… – Sor Juana Inés de la Cruz

Tan precisa es la apetencia
que a ser amados tenemos,
que aun sabiendo que no sirve
nunca dejarla sabemos.

Que corresponda a mi amor
nada añade, mas no puedo
por más que lo solicito
dejar yo de apetecerlo.

Si es delito, ya lo digo;
si es culpa, ya lo confieso,
mas no puedo arrepentirme
por más que hacerlo pretendo.

Mensaje a las estatuas – Ángel González

Vosotras, piedras
violentamente deformadas,
rotas
por el golpe preciso del cincel,
exhibiréis aún durante siglos
el último perfil que os dejaron:
senos inconmovibles a un suspiro,
firmes
piernas que desconocen la fatiga, músculos
tensos
en su esfuerzo inútil,
cabelleras que el viento
no despeina,
ojos abiertos que la luz rechazan.
Pero
vuestra arrogancia
inmóvil, vuestra fría
belleza,
la desdeñosa fe del inmutable
gesto, acabarán
un día.
El tiempo es más tenaz.
La tierra espera
por vosotras también.
En ella caeréis por vuestro peso,
seréis,
si no ceniza,
ruinas,
polvo, y vuestra
soñada eternidad será la nada.
Hacia la piedra regresaréis piedra,
indiferente mineral, hundido
escombro,
después de haber vivido el duro, ilustre,
solemne, victorioso, ecuestre sueño
de una gloria erigida a la memoria
de algo también disperso en el olvido.

Se acabó el realismo sucio – Noemí Trujillo Giacomelli

Se acabó el realismo sucio,

las notas autobiográficas.
Aunque me duela por dentro
la vida que llevo a mis espaldas,
hayan desaparecido los muelles
y mi carácter portuario,
voy a buscar la luz
en los cafés,
en las calles peatonales,
en las galerías de arte.
Voy a vivir Nueva York
y a escribir Nueva York
sin dejar que mi estado vital
se filtre en mis poemas.
Voy a olvidar
lo que no me gusta de mi vida,
a coser heridas,
a caminar por estas calles
donde no llega la luz del sol
y la gente, al pasar, no se mira.
Voy a cambiar mis acordes secretos,
voy a ser música.