Cualquier cosa valiera por mi vida
esta tarde. Cualquier cosa pequeña
si alguna hay. Martirio me es el ruido
sereno, sin escrúpulos, sin vuelta
de tu zapato bajo. ¿Qué victorias
busca el que ama? ¿Por qué son tan derechas
estas calles? Ni miro atrás ni puedo
perderte ya de vista. Esta es la tierra
del escarmiento: hasta los amigos
dan mala información. Mi boca besa
lo que muere, y lo acepta. Y la piel misma
del labio es la del viento. Adiós. Es útil
norma este suceso, dicen. Queda
tú con las cosas nuestras, tú, que puedes,
que yo me iré donde la noche quiera.
Archivo de la etiqueta: poesia
Tu corazón bien vale este pecado – Tino Barriuso
Buenos días, mi Señora.
Tus ojos son la bandera
De la hermosa primavera
Que ya está estallando ahora.
Si la tierra se enamora
De la nube, y se hace hoja;
Si ya su tristeza afloja
El río y canta el gorrión,
No extrañes esta canción
Que se está poniendo roja
Al pie de tu corazón.
Sed – Susana March
¿Por qué esta voz antigua desvelada y ardiente
que me sube a los labios cuando quiero cantarte?
¿Por qué he de buscar el viejo acento griego
para decirte que te amo?
Daré mi voz al río que mece tu existencia,
al viento delicado que orea tu ignorancia.
Quizás ella consiga huracanar tu sangre
en férvida borrasca de deseos
y te arrebate al sobrio mundo tuyo
para clavarte vivo en mi locura.
Tú jamás me miraste con tus ojos humanos.
Ignoras todavía que soy morena y pálida
que tengo un ritmo arcaico de danzarina íbera.
Desconoces mi sueño fabuloso y magnífico,
la sed que como un nudo me ciñe la garganta.
Estás ciego a mi gracia, sordo al supremo canto
que para ti concibo.
¡Ah, déjame quererte con toda la potencia
de mi sangre mezclada y generosa!
¡Por mis antepasados helénicos y hebreos,
por aquellos latinos celtíberos que me dieron su sangre,
bien merezco que gustes de besarme la boca!
Sola estoy en la selva de mi mortal fatiga,
exhausta de esperarte.
¡Dime qué mal sin nombre me acongoja la vida!,
¡dime qué fuego es éste
que tú enciendes en mí, como un reguero
de sol desde mi nuca a mis rodillas!
¿Es para siempre ya mi amor? ¿acaso
te irás de mí como se van los sueños,
los pájaros, los días?
Me quisiera morir prieta a tu cuerpo,
ceñida por tu brazo duro y joven,
abrasada de sed y respirando
tu olor a varón limpio y admirable.
Para negar tu amor – Lina Zerón
Para negarte tendría que cortarme las manos,
pudrirme dulcemente por el sexo…
Sabes cómo odio negarte.
Y odio esta sensación de estar atada a tu cuerpo.
La lluvia de mis ojos es ácida
si tú no la provocas.
Para negarte tendría que matar mis sueños,
apagar la luz casi desnuda de mis párpados
y arrancar tus arlequines miembros
dibujados con magia, con movimientos de lluvia.
Si no estás tú
grito en el teléfono,
te nombro, alaridos doy.
Odio esta orfandad que se apodera de mis sábanas.
19 – Jorge Riechmann
A París, una ciudad que no existe,
me llega la noticia:
Berlín
ha desaparecido.
¿Quién da un paso hacia el centro del invierno?
la angustia dúctil se me enrosca en el vientre.
Hoy tengo ancianos los ojos cuando todo
todo está aún por hacer.
Último Sueño – Ángel González
Más allá de este sueño
ya no hay nada:
territorio final
en el que permanezco confinado,
desde el que también sueño
hasta perder la memoria de mí mismo.
Cuando no sueño
ese sueño sin sueños
es —a secas— la vida.
Amapolas en julio – Sylvia Plath
Pequeñas amapolas, llamitas infernales,
¿es que daño no hacéis?
Se apagan y reviven. No puedo tocarlas.
En su fuego pongo las manos. Nada se incendia.
Contemplarlas me consume
Llameando así, su rojo ajado y brillante como piel
de alguna boca.
¡Una boca recién ensangrentada
pequeñas faldas sangrientas!
Hay efluvios que no puedo asir.
¿Dónde están tus opios, tus asquerosas cápsulas?
¡Si pudiera desangrarme y dormir! —
¡Si pudiera mi boca unir a una herida así!
Oh, vuestros líquidos rezuman en mí, cápsula de vidrio
Apagándose y aquietándose.
Mas, sin color, sin color. Descoloridamente.
Las distancias no miden lo mismo – Roberto Juarroz
Las distancias no miden lo mismo
de noche y de día.
A veces hay que esperar la noche
para que una distancia se acorte.
A veces hay que esperar el día.
Por otra parte
la oscuridad o la luz
teje de tal manera en ciertos casos
el espacio y sus combinaciones
que los valores se invierten:
lo largo se vuelve corto,
lo corto se vuelve largo.
Y además, hay un hecho:
la noche y el día no llenan igualmente el espacio,
ni siquiera totalmente.
Y no miden lo mismo
las distancias llenas
y las distancias vacías.
Como tampoco miden lo mismo
las distancias entre las cosas grandes
y las distancias entre las cosas pequeñas.
Filtri d’amore – Carlota Caulfield
miel en todos los panes
miel en todas las bocas
miel en ti, amado mío,
con una pizca de canela,
y una cucharadita de vainilla.
Pasatiempo – Rafael Cadenas
Por la mañana exploro las paredes de mi cuarto en busca de nuevos agujeros.
Pongo en ellos cartón piedra, jirones de ropa inservible, trozos de periódicos.
Encima les pego pequeñas tarjetas con vehementes recados.
Son exhortaciones anotadas apresuradamente en letras gruesas.