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Obra de amor – Alfonsina Storni

Rosas y lirios ves en el espino;
juegas a ser: te cabe en una mano,
esmeralda pequeña, el océano;
hablas sin lengua, enredas el destino.

Plantas la testa en el azul divino
y antípodas, tus pies, en el lejano
revés del mundo; y te haces soberano,
y desatas al sol de tu camino.

Miras el horizonte y tu mirada
hace nacer en noche la alborada;
sueñas y crean hueso tus ficciones.

Muda la mano que te alzaba en vuelo,
y a tus pies cae, cristal roto, el cielo,
y polvo y sombra levan sus talones.

Jardín secreto – Ulalume González de León

En el jardín que recuerdo
sopla un viento que mueve las hojas
del jardín donde ahora estoy escribiendo

En el jardín que imagino
sopla un viento que mueve las hojas
del jardín que recuerdo

Y en el jardín donde ahora
estoy escribiendo
sopla un viento que mueve las hojas
sin jardín:
armisticio
de fronda imaginaria y de fronda recordada

pero tabmién las hojas verdes
del jardín donde escribo

pero también las hojas blancas
en que estoy escribiendo

y nace otro jardín

Cuando yo aún soy la vida – Francisco Brines

La vida me rodea, como en aquellos años
ya perdidos, con el mismo esplendor
de un mundo eterno. La rosa cuchillada
de la mar, las derribadas luces
de los huertos, fragor de las palomas
en el aire, la vida en torno a mí,
cuando yo aún soy la vida.
Con el mismo esplendor, y envejecidos ojos,
y un amor fatigado.

¿Cuál será la esperanza? Vivir aún;
y amar, mientras se agota el corazón,
un mundo fiel, aunque perecedero.
Amar el sueño roto de la vida
y, aunque no pudo ser, no maldecir
aquel antiguo engaño de lo eterno.
Y el pecho se consuela, porque sabe
que el mundo pudo ser una bella verdad.

La lucha por la vida – Javier Salvago

Presiento que no soy el mejor yo
de todos los que quise ser y he sido.
He conocido a otros más hermosos,
mejor amantes y mejor vividos.
—Todos, sin excepción, mucho más jóvenes,
prometedores y atractivos—.

No soy el mejor yo.
Pero, al menos, aguanto y sobrevivo.
Los demás, con sus sueños
—cansados, derrotados, aburridos—,
fueron cayendo
uno tras otro en el camino.

El engaño (La poesía) – Abelardo Linares

Creí que era por juego por lo que se entregaba,
que ella misma era un juego hermoso y divertido,
que de verdad era mía sin pedir nada a cambio.
Lejos mi adolescencia y aquel deslumbramiento.
Ahora conozco al fin su frialdad y su orgullo,
su hastío y su miseria. Ha arrojado su máscara.

Lo que exige es mi vida, eso me pide a cambio,
mi vida en cada verso. Y no se saciará
por mucho que le ofrezca de mí mismo pues sabe
su poder sobre mí. Hasta la extenuación
querrá ser poseída y poseerme. No, no era un juego.

El doncel – Andrés Trapiello

Ardoroso el verano, las encinas,
los dorados centenos.
La campana mayor está sonando
a media tarde. Chillan en el cielo
medievales cornejas
y acuden uno a uno los canónigos,
vestidos de paisano. Huele a cera
en las naves del templo y hace frío
entre las viejas piedras.

Melancólico estás sobre la tumba,
doncel, como doncella.
No muerta, no dormida,
sino contigo misma, ausente, amada
en el secreto amor, correspondida.
Leer, soñar, dejar que el tiempo pase
y el pensamiento corra igual que el agua.
Esa es la eternidad. Vivir no estando vivo.
Morir no estando muerto y escuchar
a lo lejos, como temblor del tiempo,
sonajas de los álamos sombríos
y un arroyo entre juncos.

Ven, camina conmigo,… – Emily Brontë

Ven, camina conmigo,
sólo tú has bendecido alma inmortal.
Solíamos amar la noche invernal,
Vagar por la nieve sin testigos.
¿Volveremos a esos viejos placeres?
Las nubes oscuras se precipitan
ensombreciendo las montañas
igual que hace muchos años,
hasta morir sobre el salvaje horizonte
en gigantescos bloques apilados;
mientras la luz de la luna se apresura
como una sonrisa furtiva, nocturna.

Ven, camina conmigo;
no hace mucho existíamos
pero la Muerte ha robado nuestra compañía
-Como el amanecer se roba el rocío-.
Una a una llevó las gotas al vacío
hasta que sólo quedaron dos;
pero aún destellan mis sentimientos
pues en ti permanecen fijos.

No reclames mi presencia,
¿puede el amor humano ser tan verdadero?
¿puede la flor de la amistad morir primero
y revivir luego de muchos años?
No, aunque con lágrimas sean bañados,
Los túmulos cubren su tallo,
La savia vital se ha desvanecido
y el verde ya no volverá.
Más seguro que el horror final,
inevitable como las estancias subterráneas
donde habitan los muertos y sus razones,
El tiempo, implacable, separa todos los corazones.

cura para el ruido – Regina Salcedo

era cuestión de tiempo. o no es cuestión de tiempo. si lo piensas;
todo podría serlo.

optemos por llenar el recipiente
con algo más que aire.

durante años mi mente
en modo magnetófono
rastreando cualquier señal acústica,

amplificándola
para abrirle las tripas igual que a una madrilla
de hojalata

y entender cada pieza.

la canción titulada: es que no sé pensar de otra manera
acabó perpetuándose en hilo musical
y como resultado:
los poemas ungüento.
la poesía vórtice.

escribir para hallar el origen del ruido
e hilar un par de ideas consecuentes
que puedan parecer las de los otros.

tantas excavaciones, tantas palabras baba
formando una gran bola pegajosa de chicle.

tengo un callo en la encía. en el labio. de tanto.

hasta que, por sorpresa, alguien coge mis hombros
y me gira hacia afuera para que yo lo vea
entero, como un río.

y, teniendo en cuenta que no soy un castor,
el alivio me alcanza de inmediato.